Durante años, el debate sobre el precio de los alimentos se ha explicado casi siempre con los mismos factores: energía, logística, fertilizantes, tensiones geopolíticas. Todo eso importa. Pero hay un “multiplicador” silencioso que hace que cualquier crisis sea más cara y más impredecible: la degradación del suelo.
Un informe difundido por el movimiento Save Soil y recogido en medios especializados advierte de una relación cada vez más difícil de ignorar: un suelo menos vivo y menos funcional aumenta la vulnerabilidad de los cultivos a sequías e inundaciones, y eso termina en cosechas más volátiles y precios más volátiles.
¿Por qué la degradación del suelo dispara la volatilidad (y el coste) de la comida?
La clave no es solo “producir menos”. Es producir con más riesgo:
- Menor infiltración y retención de agua: cuando llueve fuerte, el agua escurre; cuando no llueve, la planta sufre antes.
- Estructura y porosidad dañadas: raíces menos profundas, peor exploración de nutrientes y agua.
- Menos materia orgánica y biodiversidad: el suelo pierde “amortiguación” frente al estrés.
- Dependencia creciente de insumos: para sostener rendimientos, se tiende a compensar con fertilización, lo que aumenta costes y fragilidad.
En el artículo de referencia se insiste en que las prácticas agrícolas intensivas reducen la capacidad del suelo para adaptarse a crisis climáticas más frecuentes, haciendo los cultivos más vulnerables y elevando precios.
Señales claras en Europa: cuando el clima aprieta, el suelo decide el precio
El ejemplo más directo que se menciona es la crisis del aceite de oliva: sequías severas en la cuenca mediterránea y una subida notable de precios, con el suelo como uno de los factores que agravan la falta de resiliencia del sistema productivo.
También se destaca que Europa es un “hotspot” climático, con un calentamiento superior a la media global, lo que acelera el problema si los suelos no se recuperan.
La conclusión es incómoda pero útil: si el suelo está débil, cualquier evento extremo se convierte en una crisis de oferta, y el mercado lo traslada al consumidor.
Lo que un “suelo sano” hace por tu cuenta de resultados (y por el mercado)
Un suelo sano no es un concepto romántico. Es un activo técnico con impactos medibles:
- Estabilidad de rendimiento (menos picos y caídas).
- Menor coste por kilo producido (menos correcciones reactivas).
- Eficiencia del agua (clave en zonas de estrés hídrico).
- Mejor respuesta a episodios extremos (lluvias torrenciales, olas de calor).
- Más margen para ajustar fertilización sin penalizar producción.
Y a escala sistema alimentario: reduce la volatilidad, que es lo que más encarece la cadena (porque suben primas de riesgo, seguros, financiación y precios finales).
7 prácticas de gestión del suelo que más reducen riesgo (y por qué)
En la referencia se proponen medidas muy alineadas con agronomía regenerativa: reducir perturbación por laboreo, diversificar, mantener cobertura, raíces vivas y sistemas más biodiversos.
Aquí las aterrizamos a campo:
1) Minimizar la perturbación (laboreo inteligente)
Menos pases y mejor timing = más estructura estable y menos pérdida de carbono.
2) Cobertura vegetal (viva o mulching)
Protege de erosión, regula temperatura y alimenta microbiología.
3) Raíces vivas el mayor tiempo posible
La raíz “paga” a los microorganismos; sin exudados, el suelo se apaga.
4) Rotaciones y diversidad real
Más familias botánicas = menos presión de plagas/enfermedades y mejor ciclo de nutrientes.
5) Aporte de materia orgánica con criterio
No es “echar por echar”: importa el tipo, el momento y la integración con riego/manejo.
6) Manejo del agua orientado a infiltración
Riegos y estructura deben trabajar juntos: si el suelo no infiltra, el riego se desperdicia.
7) Bioestimulación y biología funcional (cuando toca)
Microbiología + carbono disponible + condiciones de establecimiento (humedad, salinidad, temperatura) para que “funcione en campo”, no solo en laboratorio.
Tip técnico INBIOTA: antes de cambiar prácticas, mide. Un diagnóstico (físico–químico–biológico) evita “soluciones genéricas” y acelera resultados.
Cómo empezar en 30 días: un plan simple (sin complicarte)
- Medición base: compactación/estructura, MO, conductividad, infiltración, indicadores biológicos.
- Elegir 1–2 palancas de máximo impacto según tu problema dominante (agua, estructura, salinidad, fatiga).
- Piloto en una parcela (o calles) con seguimiento cada 3–4 semanas.
- Ajuste fino: dosis, momento, manejo de riego y cobertura.
- Escalado cuando haya respuesta agronómica clara (no por intuición).
Conclusión: el suelo es una política de precios (también)
Si la degradación del suelo continúa, no solo se trata de “sostenibilidad”: se trata de seguridad alimentaria y estabilidad de precios. La buena noticia es que el suelo responde… cuando se gestiona como un ecosistema vivo.
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Fuentes
Redacción AenVerde. (14 agosto 2025). La degradación del suelo duplicará el precio de los alimentos en Europa. Aen verde.
